“Actualidad Humanitaria nace con la vocación de servir de altavoz de noticias relacionadas con la solidaridad, la cooperación y el debate sobre el nuevo humanitarismo”
Home Opinión Nutrición: la clave está en el acceso
PDF Imprimir E-mail
Lunes, 21 de Mayo de 2012 08:10
Nutrición: la clave está en el acceso
En América Latina y el Caribe, que es una de las principales regiones productoras de alimentos del mundo, todavía el hambre afecta a 53 millones de personas.

Por Gemmo Lodesani

La paradoja a la que nos enfrentamos cada día es que la región produce suficientes alimentos para satisfacer las necesidades de todos sus habitantes y sin embargo, cerca de 9 millones de niñas y niños –o uno de cada siete infantes en toda la región—sufren de desnutrición crónica. No obstante, las cifras a nivel regional y nacional enmascaran las realidades locales. A nivel sub-nacional, la desnutrición en ciertas áreas marginadas y comunidades indígenas y afro-descendientes aumenta hasta a casi 80 por ciento, demostrando inequidades que tenemos todavía que solucionar.


En muchas ocasiones la gente me pregunta ¿cómo es esto posible?, y mi respuesta ante esta pregunta es siempre la misma: la clave está en el acceso. El problema central del hambre en la región no es que no haya alimentos disponibles, sino las dificultades que los más pobres enfrentan para poder acceder a ellos.

La falta de acceso a alimentos es uno de los mayores problemas de la seguridad alimentaria y nutricional en la región y esto está muy entrelazado con la situación de pobreza que afecta todavía a 177 millones de personas –o cerca de uno de cada tres latinoamericanos y caribeños.

Pongamos un caso típico que podría ser el de una madre cabeza de familia que se encuentra en una comunidad rural apartada de Centroamérica. Asumamos que esta mujer está desempleada, tal vez embarazada, sin ingresos fijos y sin acceso a tierra para cultivar sus propios alimentos, o sin infraestructura vial que le permita acceder al mercado para vender sus pequeños excedentes en caso de que pueda cultivar. Si las redes de protección social en su comunidad son débiles o inexistentes, o si no tiene acceso a un flujo de remesas de algún familiar que la apoye, el mercado local puede que esté lleno de comida, pero su despensa continuará vacía.

Simplemente ella y su familia no podrán acceder a los alimentos nutritivos que necesitan para llevar una vida activa y sana. Probablemente con el paso del tiempo se verán forzados a empobrecer su dieta comiendo solo granos básicos, que siempre serán más baratos que la carne, los productos lácteos, o las verduras, tan necesarias para el buen crecimiento de sus hijos.

Si además el precio de los alimentos continúa aumentando, como ha venido alertando el Banco Mundial a nivel global durante pasadas semanas, la familia continuará reduciendo no solo la calidad sino también la cantidad de alimentos en la mesa.

Esto ocurre cada día en muchos hogares de la región. Es importante recalcar que muchas de las personas más pobres de la región tienen ingresos muy por debajo del costo de la canasta básica. En Nicaragua, por ejemplo, la canasta básica alimentaria cuesta el doble del salario mínimo, y en Panamá y Ecuador la canasta básica cuesta cerca de tres cuartos del salario estipulado como mínimo.

Ante este panorama, en muchos hogares las tres comidas diarias se convierten en un lujo olvidado y si no hacemos algo para remediarlo, los niños de las familias más vulnerables, tarde o temprano cruzarán silenciosamente la delgada línea roja que separa la subsistencia de la mera supervivencia.

Hoy en día, los científicos saben que la desnutrición hasta los 2 años de edad (los primeros 1.000 días de vida a partir de la concepción) puede afectar al desarrollo mental y físico hasta la edad adulta. Los niños desnutridos tienen más probabilidades de enfermarse, enfrentar dificultades para concentrarse en la escuela y ganar menos dinero cuando sean adultos.

Pero no está escrito en piedra que esto tenga que ocurrir. En tiempos de crisis, El PMA en América latina y el Caribe proporciona alimentos y productos nutricionales especializados a las mujeres embarazadas y los niños pequeños más vulnerables. Cuando el niño alcanza la edad escolar continuamos facilitándole el acceso a comidas escolares y raciones para llevar a casa que ayudan a esos niños a crecer, desarrollarse y concentrarse mejor.

De esta manera y con la ayuda de todos, podemos garantizar que familias enteras desarrollen su potencial físico y mental y sienten así las bases para que las generaciones venideras construyan un buen porvenir. Un buen porvenir para ellos, para sus familias, para sus comunidades, para sus países; en suma, para todos nosotros.

Articulo publicado en la web de UNICEF
 
 
Copyright © 2011 Actualidad Humanitaria.com, Diseño AdlibWeb.
Proyecto financiado por: